Sal victorioso ante las preguntas más difíciles en una entrevista de trabajo

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Las entrevistas de trabajo son una de las partes más determinantes a la hora de conseguir el puesto deseado. En muchas ocasiones, se podría decir que es la más concluyente, ya que es el momento en el que reclutador y candidato se encuentran cara a cara y el primero puede observar y analizar cuestiones y reacciones de un modo más nítido.

Puede que hayas hecho ya muchas entrevistas de trabajo y ya conozcas cuáles suelen ser las preguntas favoritas de los entrevistadores. Y, aunque no hayas hecho ninguna aún, también es probable que sepas qué cosas son las que se tratan de un modo más frecuente en estas situaciones. Pero ante determinadas cuestiones, siempre queda la duda de saber cómo responder, porque pueden resultar complicadas o tener un poco de trampa.

Si quieres salir victorioso ante las preguntas más difíciles en una entrevista de trabajo, aquí te vamos a dar unas pautas, para que sepas cómo responder y sorprender gratamente a tu posible empleador.

¿Cuál es tu mayor debilidad o defecto?

Ésta es una pregunta clásica y, aunque te la hayan hecho muchas veces, no deja de resultar incómoda. El miedo a decir algo que pueda restar puntos o a no parecer honesto es algo usual, y los entrevistadores juegan con ello para observar tus reacciones y analizar tu respuesta a fondo.

Una de las respuestas clásicas suele ser vender una fortaleza como si fuera una debilidad, con algo del estilo "tiendo a ser demasiado exigente conmigo mismo y, a veces, con los demás". Pero esto ya está demasiado visto, y no es la mejor respuesta posible ante una pregunta de este estilo.

Los expertos recomiendan un punto extra de sinceridad, pero manteniendo siempre el tono de que se trabaja en mejorar ese aspecto. Algo como "soy un poco introvertido, pero me esfuerzo en mejorar esto y aumentar mis capacidades de relacionarme con los demás" es una respuesta más adecuada.

¡Lo que nunca deberías responder es que no tienes ninguna debilidad!

¿Por qué debería contratarte?

Ésta pregunta es muy habitual y, aunque puede no parecer tan complicada como la anterior, también tiene su complejidad.

Pero no la tomes como una pregunta de examen para ponerte las cosas difíciles. En el fondo, esta pregunta es una oportunidad estupenda para que vendas tus capacidades y convenzas a tu entrevistador.

No tengas miedo de mostrar tu seguridad y tu confianza, e indícales que eres un gran candidato, por las razones que lo consideres, ya sea por tu experiencia, capacidad, conocimiento o actitud. Si has hecho un poco de investigación acerca de lo que va a ser tu puesto o sobre las actividades de tu empresa, puedes poner ejemplos concretos de lo que podrías hacer, y esto es algo muy positivo.

Por el lado contrario, nunca será bueno que exageres demasiado o que mientas, y tampoco dará buena impresión si eres tan sincero y cortante como para decir que, simplemente, necesitas un trabajo, ya que dará la impresión de que te da igual éste trabajo u otro cualquiera.

¿Por qué quieres trabajar aquí?

Esta pregunta va a caerte casi seguro. Tanto si estás en búsqueda de empleo por primera vez, como si estás en el paro después de una mala racha o si actualmente estás trabajando, los reclutadores suelen tener curiosidad por conocer las motivaciones del candidato y, también, ver la reacción y la manera de responder ante una pregunta que, al ser tan directa, puede resultar difícil de contestar.

De nuevo, hay que tratar de ser sincero y mostrar confianza al responder. No vale de nada decir vaguedades o tópicos, sino que, de nuevo, puedes demostrar tu conocimiento sobre la empresa y sobre el puesto que vas a desempeñar.

Eso sí, no centres la respuesta en ti ni en tus anteriores trabajos ni experiencias. Tal vez una sutil referencia a tu pasado laboral pueda ser útil, pero no te extiendas en las comparaciones, sobre todo si va a ser para desprestigiar a tus anteriores jefes o empresa.

¿Hay algo que quieras preguntarme?

Esta pregunta suele realizarse al final de la entrevista, a modo de conclusión, para que expongas tus dudas o cuestiones. Por muy claras que hayan sido las explicaciones sobre en qué va a consistir tu trabajo y tus tareas, siempre puede quedar alguna cosa en el aire.

Lo recomendable es que nunca te quedes con nada sin resolver. Es el momento en el que tienes que buscar tus respuestas a lo que no tengas claro. Y, en el supuesto de que no sea así, tienes que sacar a relucir tu ingenio y tus conocimientos sobre la empresa y abordar alguna cuestión que les competa, como sus actividades, sus nuevos productos, sus expectativas para el futuro, etc.

Otra de las preguntas que puedes hacer y suele gustar mucho a los reclutadores es acerca de qué piensan sobre tus características como candidato y qué aspectos te recomiendan fortalecer. En el caso de haber realizado una prueba práctica, también puedes preguntar qué cosas son las que más les han gustado y las que menos. Además de demostrarles que te preocupa seguir mejorando y esforzarte, te darán pistas valiosísimas para futuras situaciones similares.

Y, siempre que puedas evitarlo y el tiempo lo permita, no te quedes en blanco ni dejes de lado esta oportunidad que te dan para mostrar interés sobre el sitio en el que quieres trabajar.

Éstas son algunas de las preguntas más difíciles y, a la vez, más habituales que suele haber en una entrevista de trabajo. Pero no te preocupes, al final todo consiste en ser sincero, mostrar confianza y no tratar de aparentar nada que no eres. Lo normal es que la persona que te entrevista tenga más experiencia que tú en estas situaciones y sabrá descubrir cuándo le están intentando engañar y cuándo le dicen la verdad.

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